La pretemporada no consiste en volver a entrenar después de las vacaciones.
Es el momento en el que un equipo empieza a construir las bases que determinarán cómo jugará, cómo entrenará y cómo competirá durante los siguientes meses.
Una buena pretemporada debe preparar al jugador físicamente, pero también debe conseguir que el equipo llegue a competir entendiendo sus principios de juego.
La pregunta no debería ser:
¿Cuánto podemos entrenar?
Sino:
¿Qué necesitamos construir antes de competir?
1. Antes de planificar: define el punto de llegada 🎯
Uno de los errores más habituales es comenzar la pretemporada pensando directamente en los ejercicios.
Primero hay que definir qué queremos conseguir.
Por ejemplo:
- Mejorar la capacidad física para soportar las demandas competitivas.
- Introducir los principios ofensivos y defensivos.
- Recuperar progresivamente los ritmos de entrenamiento.
- Construir automatismos colectivos.
- Evaluar el estado individual de los jugadores.
- Llegar al inicio de competición con una carga adecuada.
A partir de ahí, la planificación empieza a tener sentido.
Una forma sencilla de organizarla:
OBJETIVOS DEL EQUIPO
↓
DEMANDAS COMPETITIVAS
↓
CARGA FÍSICA + TÁCTICA
↓
TAREAS DE ENTRENAMIENTO
↓
CONTROL Y AJUSTE
La clave está en que cada sesión tenga una razón de ser.
2. Las fases de una pretemporada de alto rendimiento 🏀
No existe una única duración perfecta. Dependerá del calendario, categoría, número de sesiones y características del equipo.
Pero podemos dividir el proceso en cuatro grandes fases.
| Fase | Prioridad | Objetivo principal |
|---|---|---|
| 1. Adaptación | 🏃 Física | Recuperar capacidades y tolerancia a la carga |
| 2. Construcción | 🧠 Táctica | Introducir principios y modelo de juego |
| 3. Integración | 🔄 Físico-táctica | Transferir el trabajo a situaciones reales |
| 4. Competición | ⚡ Rendimiento | Ajustar cargas y llegar preparado |
Lo importante no es separar completamente estas fases.
El trabajo físico, técnico y táctico debe ir conectándose progresivamente.
3. Fase 1: volver a entrenar no significa entrenar al máximo
Durante los primeros días, el objetivo no debería ser demostrar cuánto puede soportar un jugador.
Después de un periodo de menor actividad, existe una necesidad de recuperar progresivamente la tolerancia a diferentes estímulos:
- Aceleraciones y frenadas.
- Saltos.
- Cambios de dirección.
- Contactos.
- Volumen de entrenamiento.
- Intensidad.
- Demandas específicas de cada posición.
Aquí cobra especial importancia la individualización.
Un pívot, un base y un alero pueden compartir el mismo entrenamiento, pero no necesariamente reciben las mismas demandas físicas.
Por eso, antes de aumentar la carga conviene conocer el punto de partida de cada jugador.
4. Fase 2: empezar a construir cómo queremos jugar 🧠
Una pretemporada de alto rendimiento no puede convertirse en un bloque de preparación física al que posteriormente se añade el baloncesto.
El modelo de juego debe aparecer desde el principio.
Por ejemplo:
ATAQUE
¿Queremos jugar rápido?
¿Dónde queremos generar ventajas?
¿Cómo ocupamos los espacios?
¿Qué hacemos después de una penetración?
¿Cómo reaccionamos ante diferentes defensas?
DEFENSA
¿Presionamos el balón?
¿Cómo defendemos el bloqueo directo?
¿Qué queremos proteger?
¿Cómo reaccionamos tras pérdida?
La pretemporada es un momento especialmente interesante para experimentar, corregir y construir comportamientos colectivos.
5. Fase 3: integrar físico y táctica 🔄
Aquí aparece una de las grandes diferencias entre una preparación convencional y una preparación orientada al rendimiento.
El jugador no compite haciendo primero físico, después técnica y finalmente táctica.
Lo hace todo al mismo tiempo.
Por eso, progresivamente, las tareas deberían acercarse a las demandas reales del partido.
Por ejemplo:
1×1 → 2×2 → 3×3 → 4×4 → 5×5
A medida que aumenta la complejidad aparecen más elementos:
- Percepción.
- Toma de decisiones.
- Incertidumbre.
- Cambios de ritmo.
- Contacto.
- Fatiga.
- Comunicación.
- Adaptación al rival.
El objetivo es que la preparación física tenga transferencia al juego.
6. Los partidos de pretemporada también entrenan 🏀
Los amistosos no deberían utilizarse únicamente para comprobar si el equipo gana o pierde.
Son una fuente de información.
Un partido puede servir para responder preguntas como:
¿Estamos llegando tarde a las ayudas?
¿Perdemos intensidad cuando acumulamos esfuerzos?
¿Nuestro ritmo ofensivo disminuye bajo presión?
¿Qué jugadores necesitan más carga?
¿Qué principios todavía no están consolidados?
Por eso, después de cada partido conviene analizar:
Qué queríamos conseguir → Qué ocurrió → Por qué ocurrió → Qué debemos modificar
Así, el amistoso deja de ser simplemente un partido y se convierte en otra herramienta de entrenamiento.
7. ¿Cómo debería evolucionar la carga? 📈
Uno de los principios fundamentales es evitar pasar de una carga muy baja a una carga competitiva de forma brusca.
Una progresión sencilla podría ser:
ADAPTAR
↓
AUMENTAR
↓
INTEGRAR
↓
INTENSIFICAR
↓
AJUSTAR
↓
COMPETIR
Pero aumentar la carga no significa simplemente entrenar más horas.
La carga puede modificarse mediante diferentes variables:
| Variable | Ejemplo |
|---|---|
| Volumen | Más minutos o repeticiones |
| Intensidad | Mayor velocidad o exigencia |
| Densidad | Menos recuperación |
| Complejidad | Más decisiones y oposición |
| Espacio | Modificar dimensiones |
| Número de jugadores | 2×2, 3×3, 5×5 |
El entrenador debe saber qué variable está modificando y por qué.
8. Los errores más frecuentes en una pretemporada ❌
Error 1. Querer llegar en forma demasiado pronto
Estar muy en forma en la segunda semana no significa estar preparado para competir durante toda la temporada.
Error 2. Separar completamente el físico del baloncesto
Si el objetivo final es jugar mejor, gran parte de la preparación debería relacionarse progresivamente con las demandas del juego.
Error 3. Copiar la pretemporada de otro equipo
Cada plantilla tiene unas necesidades diferentes.
Edad, experiencia, número de jugadores, calendario, lesiones, estilo de juego y contexto competitivo condicionan la planificación.
Error 4. Introducir demasiados contenidos
La pretemporada puede generar la sensación de que hay que enseñar todo rápidamente.
Pero más contenidos no significa más aprendizaje.
Es preferible consolidar pocos principios que introducir muchos sin que aparezcan realmente en competición.
Error 5. No modificar el plan
Una planificación no debería ser un documento cerrado.
Si los jugadores responden peor de lo esperado, aparece una lesión o el modelo de juego necesita ajustes, la planificación debe adaptarse.
9. La pretemporada como un ciclo de evaluación 🔎
Una buena planificación debería funcionar como un proceso continuo:
PLANIFICAR
↓
ENTRENAR
↓
MEDIR
↓
ANALIZAR
↓
AJUSTAR
↺
Esto permite que el entrenador no se limite a ejecutar sesiones previamente diseñadas.
Observa lo que ocurre y toma decisiones a partir de ello.
Por ejemplo, si el equipo mantiene una buena intensidad durante 15 minutos pero pierde organización defensiva posteriormente, quizá el problema no sea únicamente físico.
Puede existir una relación entre fatiga, toma de decisiones y comportamiento táctico.
Ahí es donde el análisis del entrenamiento adquiere verdadero valor.
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