La pretemporada suele generar una gran expectativa.
Es el momento de recuperar sensaciones, incorporar nuevos jugadores y empezar a construir el equipo que competirá durante toda la temporada.
Sin embargo, también es una de las fases donde más errores se cometen.
Entrenamientos demasiado exigentes, exceso de carga en las primeras semanas, falta de relación entre el trabajo físico y el modelo de juego o una planificación basada únicamente en acumular kilómetros.
La realidad es que una buena pretemporada no consiste en entrenar más, sino en entrenar mejor.
En esta guía descubrirás cómo planificar una pretemporada eficaz, cuáles son sus principales fases y qué errores deberías evitar para llegar en las mejores condiciones al inicio de la competición.
¿Cuál es el verdadero objetivo de la pretemporada?
Muchos entrenadores responden rápidamente:
«Poner en forma al equipo.»
Pero ese es solo uno de los objetivos.
Una pretemporada bien diseñada también debe servir para:
- construir una identidad de juego
- integrar nuevos futbolistas
- desarrollar automatismos colectivos
- preparar al equipo para las exigencias de la competición
- reducir el riesgo de lesiones
El estado físico es importante.
Pero nunca debe trabajarse desconectado del fútbol.
Fase 1: Evaluar antes de planificar 📝
Antes de diseñar cualquier sesión, conviene responder algunas preguntas.
- ¿Cómo llegan los jugadores tras el descanso?
- ¿Qué perfil físico tiene la plantilla?
- ¿Qué cambios ha habido respecto a la temporada anterior?
- ¿Qué exige nuestro modelo de juego?
Sin este análisis previo, es muy fácil diseñar una planificación que no responda a las necesidades reales del equipo.
Fase 2: Construir la base física… sin olvidar el balón
Durante los primeros días es habitual aumentar progresivamente la carga de trabajo.
Pero eso no significa que todo deba reducirse a carreras continuas o circuitos físicos.
Cada vez más equipos integran el desarrollo condicional dentro de tareas con balón.
¿Por qué?
Porque el jugador mejora capacidades físicas mientras trabaja:
- la técnica
- la toma de decisiones
- los principios tácticos
- las relaciones con sus compañeros
El entrenamiento gana en transferencia y los futbolistas entienden mejor el propósito de cada ejercicio.
Fase 3: Introducir el modelo de juego
Una vez establecida una base física, llega el momento de consolidar la idea futbolística.
No se trata de memorizar movimientos.
Se trata de que el equipo empiece a reconocer comportamientos comunes.
Por ejemplo:
- cómo iniciar la salida de balón
- cómo presionar tras pérdida
- cómo ocupar los espacios ofensivos
- cómo defender diferentes alturas
Cuanto antes aparezcan estos principios, más natural será su aplicación durante la competición.
Fase 4: Competir antes de competir
Los partidos amistosos tienen mucho más valor que el simple resultado.
Son una oportunidad para comprobar:
- si las cargas están siendo adecuadas
- cómo responden los jugadores en situaciones reales
- qué aspectos tácticos necesitan más trabajo
- cómo se adapta el grupo a diferentes rivales
En esta fase, el análisis posterior suele ser más importante que el marcador.
Los cinco errores más frecuentes 🚫
Una buena planificación también consiste en evitar decisiones que pueden condicionar toda la temporada.
1. Aumentar la carga demasiado rápido
Querer recuperar el tiempo perdido durante las primeras sesiones suele provocar fatiga excesiva y aumenta el riesgo de lesión.
La progresión debe ser gradual.
2. Separar completamente el trabajo físico del táctico
El fútbol exige correr, decidir y ejecutar al mismo tiempo.
Si entrenamos cada capacidad por separado, la transferencia al partido será menor.
3. Cambiar constantemente la planificación
La flexibilidad es necesaria.
La improvisación constante, no.
Un plan debe poder adaptarse sin perder el rumbo.
4. Obsesionarse con los resultados de los amistosos
Es habitual sacar conclusiones precipitadas tras un mal partido de pretemporada.
Sin embargo, el objetivo no es llegar al máximo nivel en julio o agosto.
Es construir el equipo que mejor competirá durante los meses siguientes.
5. No individualizar las cargas
No todos los jugadores llegan en las mismas condiciones.
Edad, historial de lesiones, posición y estado físico deben influir en la planificación.
La misma sesión puede generar efectos muy distintos en dos futbolistas.
Cómo organizar una semana de pretemporada
Aunque dependerá del calendario y del nivel competitivo, una estructura equilibrada puede combinar:
- sesiones de alta intensidad
- entrenamientos tácticos
- trabajo específico por posiciones
- recuperación activa
- partidos amistosos
La clave no está en llenar todos los días de trabajo.
Está en distribuir correctamente la carga para favorecer la adaptación.
¿Cuándo está realmente preparado un equipo?
No existe un momento exacto.
Pero suelen aparecer algunas señales positivas:
✅ el modelo de juego empieza a ser reconocible
✅ los esfuerzos intensos se sostienen con naturalidad
✅ la comunicación entre jugadores mejora
✅ las decisiones son más rápidas
✅ el equipo compite con mayor estabilidad
Cuando estos comportamientos aparecen de forma constante, la pretemporada empieza a dar sus frutos.
La pretemporada no termina con la primera jornada
Uno de los errores más comunes es pensar que todo el trabajo acaba cuando comienza la competición.
En realidad, la temporada es una continuación del proceso.
Las primeras semanas de liga sirven para:
- ajustar cargas
- consolidar automatismos
- corregir comportamientos
- seguir desarrollando al equipo
La planificación debe entenderse como un proyecto continuo.
No como un bloque aislado de cuatro o cinco semanas.
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Te damos la oportunidad de acceder a Guía completa de pretemporada en fútbol: planificación, fases y errores a evitar ⚽
La pretemporada suele generar una gran expectativa.
Es el momento de recuperar sensaciones, incorporar nuevos jugadores y empezar a construir el equipo que competirá durante toda la temporada.
Sin embargo, también es una de las fases donde más errores se cometen.
Entrenamientos demasiado exigentes, exceso de carga en las primeras semanas, falta de relación entre el trabajo físico y el modelo de juego o una planificación basada únicamente en acumular kilómetros.
La realidad es que una buena pretemporada no consiste en entrenar más, sino en entrenar mejor.
En esta guía descubrirás cómo planificar una pretemporada eficaz, cuáles son sus principales fases y qué errores deberías evitar para llegar en las mejores condiciones al inicio de la competición.
¿Cuál es el verdadero objetivo de la pretemporada?
Muchos entrenadores responden rápidamente:
«Poner en forma al equipo.»
Pero ese es solo uno de los objetivos.
Una pretemporada bien diseñada también debe servir para:
- construir una identidad de juego
- integrar nuevos futbolistas
- desarrollar automatismos colectivos
- preparar al equipo para las exigencias de la competición
- reducir el riesgo de lesiones
El estado físico es importante.
Pero nunca debe trabajarse desconectado del fútbol.
Fase 1: Evaluar antes de planificar 📝
Antes de diseñar cualquier sesión, conviene responder algunas preguntas.
- ¿Cómo llegan los jugadores tras el descanso?
- ¿Qué perfil físico tiene la plantilla?
- ¿Qué cambios ha habido respecto a la temporada anterior?
- ¿Qué exige nuestro modelo de juego?
Sin este análisis previo, es muy fácil diseñar una planificación que no responda a las necesidades reales del equipo.
Fase 2: Construir la base física… sin olvidar el balón
Durante los primeros días es habitual aumentar progresivamente la carga de trabajo.
Pero eso no significa que todo deba reducirse a carreras continuas o circuitos físicos.
Cada vez más equipos integran el desarrollo condicional dentro de tareas con balón.
¿Por qué?
Porque el jugador mejora capacidades físicas mientras trabaja:
- la técnica
- la toma de decisiones
- los principios tácticos
- las relaciones con sus compañeros
El entrenamiento gana en transferencia y los futbolistas entienden mejor el propósito de cada ejercicio.
Fase 3: Introducir el modelo de juego
Una vez establecida una base física, llega el momento de consolidar la idea futbolística.
No se trata de memorizar movimientos.
Se trata de que el equipo empiece a reconocer comportamientos comunes.
Por ejemplo:
- cómo iniciar la salida de balón
- cómo presionar tras pérdida
- cómo ocupar los espacios ofensivos
- cómo defender diferentes alturas
Cuanto antes aparezcan estos principios, más natural será su aplicación durante la competición.
Fase 4: Competir antes de competir
Los partidos amistosos tienen mucho más valor que el simple resultado.
Son una oportunidad para comprobar:
- si las cargas están siendo adecuadas
- cómo responden los jugadores en situaciones reales
- qué aspectos tácticos necesitan más trabajo
- cómo se adapta el grupo a diferentes rivales
En esta fase, el análisis posterior suele ser más importante que el marcador.
Los cinco errores más frecuentes 🚫
Una buena planificación también consiste en evitar decisiones que pueden condicionar toda la temporada.
1. Aumentar la carga demasiado rápido
Querer recuperar el tiempo perdido durante las primeras sesiones suele provocar fatiga excesiva y aumenta el riesgo de lesión.
La progresión debe ser gradual.
2. Separar completamente el trabajo físico del táctico
El fútbol exige correr, decidir y ejecutar al mismo tiempo.
Si entrenamos cada capacidad por separado, la transferencia al partido será menor.
3. Cambiar constantemente la planificación
La flexibilidad es necesaria.
La improvisación constante, no.
Un plan debe poder adaptarse sin perder el rumbo.
4. Obsesionarse con los resultados de los amistosos
Es habitual sacar conclusiones precipitadas tras un mal partido de pretemporada.
Sin embargo, el objetivo no es llegar al máximo nivel en julio o agosto.
Es construir el equipo que mejor competirá durante los meses siguientes.
5. No individualizar las cargas
No todos los jugadores llegan en las mismas condiciones.
Edad, historial de lesiones, posición y estado físico deben influir en la planificación.
La misma sesión puede generar efectos muy distintos en dos futbolistas.
Cómo organizar una semana de pretemporada
Aunque dependerá del calendario y del nivel competitivo, una estructura equilibrada puede combinar:
- sesiones de alta intensidad
- entrenamientos tácticos
- trabajo específico por posiciones
- recuperación activa
- partidos amistosos
La clave no está en llenar todos los días de trabajo.
Está en distribuir correctamente la carga para favorecer la adaptación.
¿Cuándo está realmente preparado un equipo?
No existe un momento exacto.
Pero suelen aparecer algunas señales positivas:
✅ el modelo de juego empieza a ser reconocible
✅ los esfuerzos intensos se sostienen con naturalidad
✅ la comunicación entre jugadores mejora
✅ las decisiones son más rápidas
✅ el equipo compite con mayor estabilidad
Cuando estos comportamientos aparecen de forma constante, la pretemporada empieza a dar sus frutos.
La pretemporada no termina con la primera jornada
Uno de los errores más comunes es pensar que todo el trabajo acaba cuando comienza la competición.
En realidad, la temporada es una continuación del proceso.
Las primeras semanas de liga sirven para:
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